EXPEDICIÓN EN EL CORDÓN DEL PLATA, MENDOZA – Abril 2019 - Cumbres en el Adolfo Calle – Stepanek – Franke

Actividades realizadas

La mañana del jueves 18 de Abril del 2019, comenzó de maravillas. Sí, así, como se lee, ya que además de ser el comienzo de un viaje que a esa hora no decía mucho, Partimos en caravana desde San Luis hacia Mendoza cerca de las 10:30 para llegar al campamento Veguitas inferior cerca de las 17:00, en el camino además de las 10 personas que marchábamos se sumaba Alejandro en la estación de servicio de Potrerillo y completaba el cupo, y entre rotondas invisibles, caminos retomados, calenturas de motores, vinos comprados al pasar, salamines, risas, mates interminables, subidas, más calenturas de motores, al fin todos los vehículos quedaron estacionados en el refugio y centro de Sky Vallecito.

cumbre

 

De ahí en más, mochilas al hombro que incluía carpas, ropa y comida para tres días. En nuestros ojos se iluminaba las ganas de aventuras, la inquietud de desconocidos en un grupo, el deseo de respirar libertad. Luego de caminar algo más de una hora ya estábamos armando carpas y sabiendo con quien íbamos a pasar la primer noche, la cual se mostró despejada, con una luna curiosa que se paseaba lenta, observando desde lo alto un centenar de carpas donde había cinco que recién se terminaban de armar y sus integrantes estaban ahí llenos de incertidumbre y ansiedad. Un viernes soleado nos vió amanecer con desayuno rápido, mochilas de marcha, dos litros de agua, alimento de ataque de cumbre, protector solar, manteca de cacao, dulces, frutas secas, algún bostezo atrasado, risas y cargadas nos pusieron en camino a nuestros primeros dos objetivos del viaje, aclimatar haciendo cumbre en el Cerro Stepanek y Cerro Adolfo Calle.

Luego de caminar un par de horas por un acarreo atrayente nos encontramos en La Cancha, un falso llano ascendente que nos depositó justo en frente a nuestra primer cumbre, un ataque lento pero sin pausa nos colocó a las 12:20 en los 4100 m s.n.m. del Cerro stepanek, nombre que honorifica al austríaco Hans Stepanek quien en el año 1925 fue el primero en ascender el cerro El Plata.

Ya con nuestra primera cumbre sobre los hombros, agigantados de alegría, emocionados de lo que el grupo podía hacer, nos dispusimos a cruzar de vereda y atacar la cumbre del Adolfo Calle, un cerro de 4200 m s.n.m. quien en su nombre hace referencia al fundador del diario Los Andes de mendoza en el año 1883. El reloj marcaba las 13:30 cuando el grupo conformado por Gabriel Guillar, guía, Alejandra Barzola, Analia Bachey, Yanina Castillo, Fiorella Poggi, Roxana Polastri, Juan Agüero, Alejandro Matéu, Facundo Gonzales, Giuliano Miazzo, y quien relata Alejandro Escudero alcanzaba la segunda cumbre y completábamos el día con un muy buen estado físico del grupo que a las 16.00 horas ya se encontraba en las carpas listos a descansar ya que en horas se venía el plato fuerte del viaje.

Cena de fideos, atún, risas, interacción de los integrantes de la expedición tratando de constatar que todos estuviésemos bien de ánimo, con ganas, cuidándonos unos a los otros, trabajando hacia adentro sabiendo que todos y cada uno de nosotros éramos importantes para el de al lado.

La noche se avecinaba con algunas nubes que advertían que el sábado seria duro, frio, agitado. Madrugada del sábado con una luna tímida que de a ratos se escondía detrás de las nubes, comenzamos a desayunar 3:30, el frio no era acosador, las nubes estaban ahí, expectantes, no se terminaban de abrazar para cerrarse cuan scrum de rugby, nuevamente mochila de marcha, esta vez con luces frontales, y esa ansiedad de lo desconocido, de esa cosquilla de aventura nocturna, esa unión de los sentidos más profundos, estar cerca, contenidos, cuidándonos más que antes, consejos de un guía preocupado por la hora, apoyo de un grupo que no quería cometer errores, atentos a no dejar nada librado al azar, conscientes de que esta cima se logra con la cabeza, aliento íntimo de equipo deportivo, y a caminar hacia una cumbre compleja, se dice por ahí que quien hace cumbre en el Cerro Franke se recibe de montañista, expresión que grafica lo difícil del reto, pero el grupo está, y ahí va, a las 4:20 horas saliendo del campamento en silencio, concentrado hacia una ardua jornada.

El nombre del cerro recuerda al destacado andinista mendocino Pablo Franke, quien tras lograr el primer ascenso absoluto a la montaña, desapareció en 1943 mientras intentaba escalar el Tupungato. Desde entonces se han urdido innumerables historias en torno a este cerro, entre las que pueden destacarse los siguientes hitos: • Primera ascensión femenina: 17 de diciembre de 1944, realizada por Margarita Hughes y María Canals Frau, acompañadas de José Colli y Roberto Testoni. • Primera ascensión invernal: 1953, realizada por Alfredo Magnani, Alberto Bonte, Richard Gallop, Antonio Sarrode, Rubén Valls y Alberto Vendrell. • Primera ascensión de la cara sur: octubre de 1985, realizada por Miguel "Lito" Sánchez, Fernando Santamaría y Jorge Giaquinta. Llamaron a su vía "Alma de Diamante".

Ahí estábamos nosotros, caminando sin pausa, en la oscuridad por momentos, ya que la luna creo que jugaba con su brillo tratando de ver que tan valientes éramos, encontramos el filo de ascenso a los 45 min, un filo duro, de piedras grandes, toscas, sueltas, peligrosas, casi 90 min nos llevó posicionarnos encima de estas, algunos tropiezos, un grupo serio, ocupado en hacer las cosas bien, descansando de a ratos, el frio había aumentado, el viento de a ratos nos decía que estaba dispuesto a acompañarnos, ya no veíamos la luna, las nubes se adueñaron del cielo, y nosotros casi escalando entre piedras grandes, lajas, alguien quiere hacer un mate para calentar el cuerpo y ahí lo imprevisto, ¿Dónde está la bombilla? Alejandro entro en crisis por un momento, si a alguno se le caía una moneda aun viendo donde cae jamás lograría recuperarla, entre las piedras fijas de la montaña había grietas importantes donde podía caer fácilmente un celular tan profundo que no sería recuperado, ese difícil tramo del recorrido al fin quedo atrás, sin bombilla, el grupo siguió a buen ritmo.

El amanecer llegó para aliviar la tensión de no ver demasiado, el trabajo difícil estaba hecho, gracias al conocimiento del guía, al apoyo de Alejandra que cerraba con cuidado la marcha del grupo, y al aporte importantísimo de Fiorella que con apenas 23 años tiene la experiencia de una verdadera montañista, en el camino habían quedado además de la bombilla, un par de guantes de Analía, y el guante derecho de Giuliano. Cerca de las 10:00 encontramos el acarreo que luego serviría de descenso, y comenzaron las falsas cumbres típicas del Franke.

Con un cielo cerrado comenzó a nevar por momentos, ya de día pudimos ver que un grupo de tres o cuatro personas seguían nuestros rastros a unos 600 metros hacia abajo, en la parte dura del recorrido el grupo estaba bien, se veía que a pesar de faltar aún un par de horas para la cumbre lo lograríamos, se veía en el rostro de cada uno la fe, las ganas, la confianza, nuestros rostros habían cambiado de entusiastas a cansancio, pero no había el mínimo rastro de abandono.

De repente, las nubes se abren en una cima a unos doscientos metros arriba y logramos ver por primera vez la cumbre, las cruces que indican que se llega, nuestros ojos ya estaban haciendo cumbre, nuestro cuerpo no podía acelerar el paso, nuestras ganas corrían internamente, nos mirábamos y sonreíamos contentos, conteníamos la alegría, estábamos a punto de llegar a los 4900 m s.n.m. pero faltaba llegar, y cada paso era eterno, cada vez más alto, cada vez más difícil, porque la cumbre del Franke es compleja, pequeña, se va cerrando al punto que te obliga a dejar los bastones para prácticamente escalar, la nieve se hace más intensa, las piedras están húmedas, los ojos cristalinos a metros de la cumbre, los alientos finales, los cuidados finales, los abrazos eternos y el "tranquilos ya estamos.." que se hace sentir repentinamente, para explotar en un abrazo interminable, íntimo, cada uno a su manera, teníamos en nuestras manos la cumbre del Franke, y ahí festejábamos, emocionados, las lágrimas en algunos, las risas en otros, los desahogos, los gritos, la libertad ahí presente, con mucho cuidado logramos entrar los once en la cumbre de tres por dos que ofrece el Cerro para una foto.

Luego fotos individuales, y pronto a bajar, porque este tipo de cumbres son así, no se puede permanecer demasiado arriba, las condiciones climáticas y la altura te obligan a bajar, las 12:30 horas del día nos indicaban que habíamos tardado en subir algo más de ocho horas, bajamos un par de metros nos pusimos a reparo, hidratamos, nos volvíamos a abrazar felices. Gabriel fue felicitando uno por uno al grupo, sin dudas la expedición más importante de San Luis, no existe antecedente de un ascenso masivo al Franke, y fuimos nosotros, once desconocidos, once locos lindos, once valientes que dijeron si a pesar del clima. Once montañista que comenzaban a bajar de los 4833 m s.n.m. para ser precisos, y aún faltaba una parada, porque ahí no termina todo, para bajar había que tomar un acarreo de mil metros de descenso directo con una pendiente muy inclinada, con piedras sueltas literalmente, luego de bajar cuatrocientos cincuenta metros aproximadamente de la cumbre apareció el temido acarreo.

Cuando se baja solo uno comienza a correr hacia abajo, lo hace de manera muy fácil, las piedras que se van soltando van en caída libre hasta donde quieran. Ahora cuando se es un grupo y más aún numeroso como el nuestro se complica ya que el de arriba le arrastra piedras accidentalmente al de abajo y las piedras toman una velocidad tal que pueden lastimar muy gravemente a quien está debajo nuestro. Tengamos en cuenta que pueden ser piedras de más de dos kg en caída libre es muy peligroso, entiendo que ahí es donde mejor se trabajó en grupo. Nos pusimos en fila a un metro de distancia, y comenzamos a bajar a ritmo medio, las piedras que se soltaban no alcanzaban a tomar velocidad cuando llegaba a nuestro compañero, y las que se iban hacia abajo las dejábamos ir total el grupo era compacto y estaba unido.

Se bajó lento pero con un gran trabajo en equipo, y así luego de casi 14 horas estábamos en el campamento, felices.

Se levantó campamento, emprendimos el viaje de regreso, entre las 2.00 y 3:00 del domingo fuimos llegando cada uno a su hogar. Felices, para compartir Pascuas en familia, para compartir la aventura con quienes nos esperan, para no olvidar que por un momento fuimos uno en un montón y ninguno solo, para que para siempre nos sintamos montañistas, para que para siempre seamos cómplices sabiendo que dejamos algo más que una bombilla en el Franke.

VAMOS POR MÁS !!!

 

 
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